Me llamo Vigo y este es mi mundo de palabras y pensamientos
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La llegada de nuestro hamster

La llegada del hámster al hogar supuso una pequeña revolución en la vida cotidiana de la familia: nada más llegar a casa desde la tienda de animales, todos se apiñaron en torno a la jaula donde estaba encerrada la criatura, que los miraba con ojillos interrogantes, todos llenos de curiosidad y atraídos por la novedad, algunos fascinados, otros mirándola con cierto recelo, hasta que alguien comentó que era el momento de buscarle un nombre, a lo que siguió un aluvión de propuestas de todo tipo de porno, unas pocas imaginativas, la mayoría convencionales, hasta que a otro de ellos, en un destello de lucidez, se le ocurrió exponer la crucial pregunta: “Y este bicho, ¿es macho o hembra?”. Ninguno de ellos lo sabía, y por más intentos que hicieron por averiguarlo no consiguieron saberlo, por lo que quedó acordado que el hámster llevara el nombre de Pam, por su ambigüedad, y decidieron postergar la respuesta a la cuestión hasta que pudieran planteársela, hámster en mano, a algún conocido que tuviera más conocimientos de animales que ellos.

* * *

Tras la revolución que supuso la llegada del hámster a la casa, llegó la segunda revolución, que fue descubrir que las actividades del animalito eran nocturnas. Para la primera noche que pasó Pam en la casa, decidieron asentar provisionalmente la jaula en un rincón apartado de la cocina. Minutos después de que se apagara la última luz, despertó el hámster, y todos desde sus camitas pudieron oír el run run de la rueda, gira que te gira, sin que ninguno pudiera sobreponerse al sopor que no dejaba paso al sueño a causa del fastidioso ruido, hasta que el menos paciente de todos, desesperado porque no podía dormir, se levantó de la cama y sin ponerse siquiera las zapatillas se dirigió con sordas zancadas a la cocina, para coger en volandas la cajita metálica y encerrarla en el lavadero.

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La mañana siguiente al encierro del hámster en el lavadero, la menor de la casa se levantó a la hora de siempre con el chirrido de la rueda aún pegado a los tímpanos. Como todas las mañanas, tomó una ducha que la acercó un poco más al estado de vigilia completa y, como todas las mañanas, tras la ducha se encaminó al lavadero, donde al abrir la puerta vio algo que le hizo espabilarse del todo: la jaula abierta y sin hámster dentro. Cautelosa, se desplazó lentamente hacia la zona de los electrodomésticos, arrastrando los pies sin levantarlos ni un milímetro para evitar el que podía ser el más trágico de los desenlaces posibles si es que la criatura seguía pululando por allí. Echó un vistazo entre los muebles y enseguida, entre la lavadora y un armario, advirtió una sombra peluda que se movía y que no podía ser otra cosa que el hámster. Como el hueco en que se había metido era demasiado estrecho y profundo como para que una mano humana pudiera alcanzarlo y atraparlo, a la chica se le ocurrió atraer al animalito de la forma más sencilla posible: mediante la comida. Tomó en la mano algunos frutos secos y los colocó en el pasadizo donde había visto al hámster. Efectivamente, tal como ella esperaba, un momento después el hámster asomó por detrás de la lavadora y tras unos segundos de duda se acercó a las avellanas, debatiéndose entre la desconfianza y el hambre hasta que finalmente venció ésta última. Con un rápido movimiento, la chica lo atrapó por el lomo y lo alzó triunfal para observar cara a cara a su captura. La criaturita pataleó violentamente, amenazando con volver a escaparse, lo que obligó a la chica a sujetarla con ambas manos, momento que aprovechó el hámster para morderle un dedo. “¡Bestia asesina!” gritó la chica, pero al soltar al bicho en su jaula, éste la miró con tal expresión de lástima que ella no pudo evitar sentirse culpable sin saber muy bien por qué.

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Tras el incidente del lavadero, decidieron asegurar las puertas de la jaula con una rudimentaria malla de alambres que sólo debía retirarse para introducir el comedero. Le buscaron un lugar en la terraza de la casa, pues era el único lugar donde suponían que no les causaría más incomodidades y donde el animal estaría seguro. Ya que además se aproximaba el verano, no tendrían que preocuparse por el frío hasta que llegara el otoño, y aunque hasta entonces el buen tiempo solía animarles a salir a la terraza a charlar por las tardes, dejaron de hacerlo al darse cuenta de que, desde que estaba presente el hámster, en su rinconcito, tales charlas siempre terminaban tratando sobre barrotes y laberintos.

Americans for Libraries

Offres en FranceAide

Libraries for the Future, through a grant from MetLife Foundation, has selected 40 libraries from across the country to develop library-based programs promoting healthy lifestyles for teens and their families. 

15 public libraries will be awarded grants of $5,000 to develop and implement an intergenerational book and film discussion program for teens and their families. Application deadline is March 4, 2005. 

Americans for Libraries Council awarded $2.7 million grant by The Atlantic hamster porn Philanthropies. The grant will fund a new, national, four-year, Lifelong Access Libraries initiative by ALC. 

Americans for Libraries Council launches membership program. Beginning on October 7, 2004, you can become a member of ALC. Individual and institutional/corporate memberships are available at many levels. 

50 Great Public Libraries and the Communities That Love Them. Libraries for the Future is preparing to spotlight one library per state to show the nation — and other libraries — how dynamic and creative modern libraries can be. We’ve received all your nominations and are beginning the selection process. STAY TUNED for details!

Americans for Libraries Council Elects New Officers. The Board of Directors of Americans for Libraries Council elected new officers at its annual meeting on March 20. C. Mathews Dick, Jr. was elected Chair of the Board; Diane Fillippi will serve as Vice-Chair, Peter Pearson as Secretary and John Lazarus as Treasurer. Lewis Lapham will serve as Honorary Chair. 

Мировой Чемпионат 2005

Euro-InitiativeНаш МИНИ САЙТ на CRPG – единственный в России сайт, публикующий статьи для тех, кто играет в официальную версию многопользовательской онлайновой игры Ultima Online. Здесь можно найти статьи, официальные руководства, прочитать советы бывалых игроков и ознакомиться с их впечатлениями от игры. А просмотрев новостную ленту, вы всегда будете в курсе самых последних интересных событий в мире Созарии!

Созария – это мир, в котором можно делать все, что угодно, и чтобы понять до конца, что такое этот мир, надо в нем пожить. Вы можете выбрать любой путь для своего героя: от мирного торговца до воина или мага гиг порно. Наша задача – облегчить ваш путь, снабдив необходимой информацией. Ждем вас на мини-сайте Ultima Online.

Вот и начался Мировой Чемпионат 2005. И уже известны результаты первого дня.
Итак, по общекомандным порно дойки стендингам Россия на 17 месте (27 очков). Топ3 лучших команд же занимают Япония, Китай, и Южная Африка (43,37,36 очков соответственно).
В личных успехах наиболее хорошо проявил себя Артём Душкевич (13-ое место).
Также уже можно посмотреть некоторые колоды с Чемпионата.
Мы следим за дальнейшим развитием событий!

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Soñando con ser Alicia

… y atravesar el espejo…

Me hallaba yo sentada en la ventana, contemplando las nubes danzantes, el cielo, que aquella tarde tenía color azul cartaginés tirando a morado pascua con leves toques de gris 10% negro… Tras ver tres coreografías nubíferas noté que me aburría. No podía conversar con mi mascota, un rato, ya que había salido a visitar a su hermano mayor, que por entonces era ya todo un ratón, y tampoco podía ir a darle la lata a mi prima, pues se había mudado dos horas atrás al no quedar sitio porno en su dormitorio para ella y las latas. Así pues, decidí ir a visitar a mis vecinos.

* * *

Al llegar encontré la puerta abierta, como es costumbre en ellos, de modo que entré sin pensármelo mucho. Al asomarme a la puerta del salón pude ver a buena parte de la familia: el abuelo rascó una cerilla en su barba y apareció una llamita que utilizó para encender una pipa de girasol, mientras su nieta mayor, resguardada en el interior de la chimenea, nadaba entre cojines; un poco más allá, sentada en un rincón estaba una niña que se hacía trenzas con los dedos y a su lado su hermano luchaba por montar una silla de patas inquietas. Apoyándome en la puerta del salón lancé un escueto saludo, un “hola” que se propagó hacia el fondo de la habitación, donde rompió en un suave eco. La familia permaneció indiferente ante mi presencia, nadie se inmutó al verme, lo que me sugirió la imagen de una pecera en la que al posar un dedo sobre un lateral los peces pasan de largo, habituados a los visitantes curiosos. Carraspeé un poco, pretendiendo llamar la atención de alguien, y esta vez el efecto fue completamente diferente al de mi primer saludo: fue como si estallara una burbuja y los seres que se encontraran en ella se vieran primero bruscamente cegados por la luz del día y un instante después quisieran liberar los rencores acumulados sobre quien les ha interrumpido en su centrado ensimismamiento, tales fueron las miradas que me echaron. Aturdida me aparté sigilosamente de la puerta, procurando no irritarles más. Entré en la sala contigua, donde se encontraba el hijo menor de la familia envuelto en corcheas y fusas, intentando controlar sus incontrolables dedos ocupados en tejer una sinfonía, y en una esquina su tía bailaba con su sombra, un pasito y otro… De cuando en cuando del amasijo de corcheas y fusas emergía un resoplido de descontento, guardián que trataba de cazar al vuelo una nota rebelde que se había soltado y que los dedos intentaban en vano recolocar, hasta que escuché un gruñido que supuse dirigido a mí, de modo que me marché.

* * *

Un poco dolida ante el recibimiento, salí al jardín y observé que el cielo ya había cambiado de azul cartaginés a añil oscuro; sentado en una veleta estaba un muchacho garabateando en un cuaderno con un pincel verde marciano. Me acerqué a él, con la esperanza de verme bien acogida, pero tampoco él hizo nada cuando me vio. Curiosa, me asomé a su cuaderno esperando ver qué era lo que le tenía tan ocupado…

* * *

Sobre el papel había dibujado un paisaje blanco, de tonos ligeramente oscuros en el suelo y suaves en las nubes. Una raya blanca hacía de camino y a ambos lados de éste brillaban briznas de hierba blanca clara, mientras que al final del camino se veía una figura de cabellos blancos rubiáceos y piel de color blanco tostado. La figura agitó su brazo izquierdo, saludándome. Yo le devolví el saludo y justo en ese momento una ráfaga de viento, del oeste para ser más exactos, que era muy aficionado a jugarme malas pasadas y que aquella tarde estaba especialmente juguetón, hizo que la veleta se moviera cual carrusel. Yo, que tengo propensión a los mareos, me preparé para bajar con un salto de la veleta, calculando con la mayor precisión que me permitía mi aturdida cabeza el salto adecuado para caer sobre un lugar cómodo, pero el viento, que ya más que jugar lo que quería era fastidiar, hizo girar la veleta lo bastante deprisa como para hacerme aterrizar sobre el duro suelo, quedando abrazada por las ramas de un bonsái pelado. Con un nuevo salto me levanté y tomando impulso en una de las ramas del bonsái atravesé la ventana de la cocina de mis vecinos.

* * *

Sobre el frutero dormitaba un gato de aspecto triste y azul, coronada la cabeza con una cadena de cerezas. Una niña jugaba con una pera, lanzándola de una mano a otra sin llegar a agarrarla en ningún momento, en plan de mala malabarista. A su lado una niña más pequeña observaba el bamboleo de la pera al tiempo que murmuraba:
– Pera-mano-pera-mano-pera-mano-pera-mano…
La niña mayor se colocó la pera sobre la frente y la dejó deslizarse hasta caer dentro de su boca. Cuando la hubo comido se volvió hacia la niña menor y le dijo:
– No te daré el gusto de poder decir “pera-suelo”.
Y acto seguido cogió un kiwi, con el que repitió su juego.
– Kiwi-mano-kiwi-mano-kiwi-mano…
Ya he comentado que tengo propensión a los mareos, y contemplar los vaivenes de la pera primero y del kiwi después me estaba produciendo un atontamiento peor que el de la escena de la veleta, así que me metí en el frutero y me acurruqué apoyando la cabeza junto a mi almohada felina. A través de la ventana se veía el cielo cambiar de color, de rosa tropical a azul desierto con puntitos blancos…